No podría asegurar la edad que tenía en aquel entonces, seguramente eran como once años, y fue cuando llegó a la casa la primer consola de video juegos.

Era más que una simple consola, era más que un simple Atari, era un comodoro de la primera serie dde computadoras de 8bits de Atari, el Atari XEGS, el sucesor del Atari 7600.

Tenía un teclado desmontable, pistola y control.

Incluía un simulador de vuelo que se me hacía letárgicamente aburrido y un mapa con rutas de vuelo y aeropuertos que se me hacía tan difícil de comprender. Alguna conexión mental tuve que hacer tratando de descifrar ese juego y esos mapas.

Luego llegaron más juegos que iban cultivando en mi ese delicioso gusto por el control de puntos de colores en la pantalla, que luego evolucionaron a mapas de bits y luego a polígonos por segundo.

Fue con esta consola que tuve mi primer encuentro con un teclado alfanumérico, pero más que eso, tuve mi primer contacto con los lenguajes de programación, puntualmente el Atari Basic.

Escribí mis primeras lineas de comando, dictadas linea por linea por un manual que acompañaba la consola y cuando ejecuté el pequeño primer programa con el botón “Run”, cuál fue mi mayor sorpresa cuando la pantalla se puso toda azul y unas gigantes letras blancas rezaban la frase “Hello World!”.

Mi gusto por la programación no cesó, sin embargo mi carrera se iba por otros caminos diferentes, pero sin dejar nunca las habilidades de crear a través de unos y ceros. Con este talento aprendí a comunicarme de maneras muy diversas y siguen surgiendo nuevas.

Hoy doy un paso más, uno que soñé por mucho tiempo, y que se vuelve realidad en un momento de mi vida muy tormentoso, lleno de grandes cambios importante y que sin duda marcarán un antes y un después en mi historia.

Deseo que mis textos no le causen daño a nadie, son sólo lo que pienso y siento de mi entorno, trataré de no dejar de ser divertido, ni crítico, trataré de ser directo y de que algo de lo que escriba deje alguna moraleja… Trataré de seguir siendo yo.